Tarjeta psicologia3

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Lo que somos

Es increible como incorporamos a nuestra personalidad todo lo que vivimos, lo bueno y lo malo. Como a veces nos transformamos en lo que mas odiamos, aquellos demonios, que alguna vez, en algun momento de nuestra vida, convivieron con nosotros y nos enseñaron que debemos ponernos una coraza para que el mundo no nos haga daño como ellos hicieron. Como a veces nos transformamos en todo lo que amamos, aquellas experiencias q nos dan fuerza para seguir cada dia, tener nuevas ilusiones y sonreir al recordarlas. Somos un poco de todo lo que hemos vivido y lo que vivimos lo elegimos hasta cierto punto…

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Relaciones Adictivas

Las situaciones vividas desde fuera muchas veces no son ni parecidas a como se viven en primera persona. Cuando conocemos a alguien que lo está pasando mal por una relación, hay veces que no entendemos porque esa persona no es capaz de terminar con ese sufrimiento poniendo fin a la relación, que vista desde fuera, no tiene ningún futuro y todo el mundo, menos la persona implicada, ve que está abocada al fracaso. Pero las cosas no son tan simples como las vemos desde fuera.
Cuando queremos a una persona o estamos “enamorados” en las primeras fases de este proceso tendemos a resaltar lo positivo de la persona, que es precisamente lo que hace que esa persona sea tan especial para nosotros. Esto hace que dejemos de lado lo malo, lo cual no quiere decir que no seamos conscientes, sino simplemente no le damos importancia. Esto hace a su vez que nos convenzamos a nosotros mismos de lo maravillosa que es esa persona y lo afortunados que somos de estar con ella. En mi opinión esto es una fase normal al comienzo de las relaciones, pues si no sería mucho más difícil establecer el vínculo inicial, pero no hay que olvidar que cuanto más maravilloso creemos que es alguien, más profunda es la decepción que sufrimos al comprobar lo contrario.

Con el tiempo las cosas negativas que en un principio no considerábamos importantes, se hacen más notables. En situaciones normales cuando se hace balance y las cosas negativas superan a las positivas, una de las partes o las dos, o bien se replantean la relación o bien deciden acabar con ella. Pero muchas veces cuando esto ocurre ya es demasiado tarde y estamos demasiado implicados en la relación. Esto nos produce una incapacidad para terminar con la relación e incluso para comunicarle a nuestra pareja nuestro descontento. Esta incapacidad muchas veces se produce porque hay un desequilibrio en la implicación de cada miembro de la pareja en la relación. La persona más implicada tiene miedo de perder a su pareja ya que la necesita.
Como consecuencia se produce un cambio en lo que nos aporta esa persona en nuestra vida. Lo que en un principio era un refuerzo positivo, esto es, nos encantaba estar con esa persona, todo lo que hacíamos juntos era maravilloso etc ; se convierte en un refuerzo negativo, esto es, buscamos la compañía de esa persona, no por lo bueno que nos aporta, sino por lo mal que nos sentimos cuando esa persona no está con nosotros. Esto significa que ni somos felices con esa persona, ni somos felices sin ella. Se podría hacer un símil con la dependencia a sustancias, esto es, en un principio empezamos a consumir por el placer que nos aporta, pero posteriormente, ya no consumimos por dicho placer, sino para evitar el síndrome de abstinencia (malestar) que nos produce la falta de esa sustancia. Obviamente no es lo mismo, pero en este caso lo podríamos denominar “dependencia de una persona”.
La cuestión es, ¿por qué se produce esta dependencia? Puede producirse por muchos motivos como la falta de apoyo social por parte de la persona “dependiente”, lo que hace le sentirse sola sin la otra persona; una baja autoestima por parte de la persona “dependiente” , lo cual hará pensar que es culpable del comportamiento de la otra persona; malas experiencias pasadas, lo que le creará indefensión aprendida y no hará nada por intentar cambiar la situación o simplemente ha creido durante mucho tiempo lo maravillosa que era la otra persona y ahora asumir la realidad resulta desbordante. No hay que olvidar que en muchos de estos casos la personalidad del otro miembro de la pareja suele ser manipuladora, dominante y aparentemente fuerte.

Otra cuestión importante es, ¿por qué es tan difícil acabar con este tipo de relaciones? A lo bueno nos acostumbramos antes que a lo malo, esto es, dejamos de dar importancia a las cosas buenas que nos ofrece nuestra pareja antes que a las cosas malas. Esto significa que cuando una persona siempre se porta bien con nosotros, el día que se porta mal, se lo tenemos mucho más en cuenta que alguien de quién estamos acostumbrados a recibir decepciones. Esto también ocurre en el caso contrario, cuando estamos acostumbrados a recibir estímulos aversivos de una persona, cuando recibimos algún estímulo positivos lo valoramos más. Esto produce que muchas veces nos olvidemos de todo lo malo que nos hace una persona cuando recibimos algo bueno de ella.
El refuerzo intermitente es más difícil de extinguir que el refuerzo continuo. Esto es, una persona que un día nos dice que nos quiere, al día siguiente está enfadada, otros días simplemente nos ignora (refuerzo intermitente), su conducta se vuelve imprevisible y aún cuando pensamos que hemos terminado con la relación, no sabemos cómo reaccionará o sabemos que esa persona puede volver a aparecer en cualquier momento y de hecho es probable que lo haga y vuelva a desaparecer por un largo periodo de tiempo para reaparecer posteriormente. Todo esto dificulta mucho la extinción.

Lo está claro es que ningún tipo de dependencia es buena y lo primero que se debe hacer es poner distancia de por medio y pedir ayuda profesional si fuera necesario.

¿POR QUE AHORA?

¿Cuántas veces nos hemos arrepentido de no hacer algo o no decir algo? ¿Cuántas veces hemos dicho que luego hacemos o decimos tal cosa y al final nunca lo hacemos? Muchas veces posponemos las cosas o nos falta un empujoncito para empezar. Dejamos pasar el momento adecuado por miedo, pereza, estrés o una mezcla de todos. Así que aquí os dejo unas cuantas razones por las que hacer las cosas ahora que espero que os anime a empezar ya.
¿Por qué ahora?
Porque ya son demasiadas las veces que nos arrepentimos de no hacer algo a tiempo.
Porque hoy es el día, ni mañana ni ayer.
Porque hay oportunidades que sólo ocurren una vez en la vida.
Porque luego ya es demasiado tarde.
Porque el ahora nunca es como el antes ni el después.
Porque el que no arriesga, no gana.
Porque unas veces saldrá bien y será un éxito y otras veces saldrá mal y será un aprendizaje, pero lo importante es que sea.
Porque cuántas veces dijistes “luego” y ese luego nunca llegó.
Porque la vida se mide por instantes y esos instantes son ahora.
Porque es mejor arrepentirse de algo que has hecho que de algo que no has podido hacer.
Porque cuanto antes empieces antes acabas.

La Anorexia III : diagnóstico diferencial y etiología.

En la Anorexia, al igual que en el resto de trastornos alimentarios, se pueden encontrar síntomas que se solapen con otros trastornos o que puedan confundirse con un trastorno alimentario sin que necesariamente estén relacionados. Aquí expongo los principales trastornos y sus síntomas, que debemos descartar antes de realizar un diagnóstico de anorexia:

• Enfermedades médicas que cursan con importante pérdida de peso (diabetes, neoplasia, tirotoxicosis).En estos casos no existe una imagen distorsionada del propio cuerpo ni un deseo de adelgazar más.

• Trastorno depresivo mayor: si bien en este caso puede haber una pérdida de peso importante, los individuos no suelen desear adelgazar ni tienen miedo a ganar peso.
• Esquizofrenia: en determinado trastornos psicóticos se pueden presentar patrones extraños de alimentación, fundamentalmente debido a delirios sobre envenenamiento.
• Trastorno obsesivo compulsivo: no se efectúa este diagnóstico si las obsesiones y compulsiones sólo se relacionan con el alimento.
• Fobia social: no se efectúa este diagnóstico si los miedos sociales se limitan a la conducta alimentaria.
• Trastorno dismórfico corporal: no se efectúa este diagnóstico si la alteración sólo se relaciona con la silueta y el tamaño corporales.

Como en la mayoría de trastornos psicológicos no se conoce a ciencia cierta su etiología y en la mayoría de los casos, no afecta un solo factor al desarrollo, sino que suelen ser etiologías multicausales.

Garfinkel y Garner, Toro y Villardel, adoptan una perspectiva multidimensional del significado de anorexia nerviosa. Consideran el trastorno como el producto final de un conjunto de fuerzas que interactúan como factores predisponentes, desencadenantes y perpetuantes.

Los factores predisponentes serían variables que dificultan el desarrollo de autonomía e independencia en la adolescencia. Los factores desencadenantes se caracterizan por el fracaso del individuo en la adaptación a las demandas del medio en un momento adecuado.

Los factores perpetuantes son las consecuencias físicas y psicológicas de la psicopatología del trastorno alimentario.

> Factores predisponentes: factores genéticos, edad(13-20 años), sexo femenino, trastorno afectivo, introversión/inestabilidad, obesidad, nivel social medio/alto, familiares con trastornos afectivo, familiares con adicciones, familiares con trastornos de la ingesta, obesidad materna, valores estéticos dominantes.
> Factores precipitantes: cambios corporales, separación y pérdidas, rupturas conyugales de padres, contactos sexuales, incremento rápido de peso, críticas sobre el cuerpo, enfermedad adelgazante, traumatismo desfigurador, incremento en la actividad física, acontecimientos vitales.
> Factores perpetuantes: consecuencias de la inanición, interacción familiar, aislamiento social, cogniciones anoréxicas, actividad físicas excesivas, iatrogenia.

El interés de un enfoque de este tipo reside en que no es válido hablar de la causa, sino que hay que analizar las distintas dimensiones que se combinan para que un trastorno alimentario finalmente se desarrolle. Este modelo se convierte en un instrumento útil a la hora de construir un análisis de los factores de riesgo e intentar intervenir antes de que el trastorno se manifieste en su máxima gravedad.

LA ANOREXIA II: Curso y epidemiología

Según Saldaña-García, el curso y el desenlace del trastorno son muy variables. Algunas personas se recuperan totalmente después de un episodio, otras presentan un patrón fluctuante de ganancia de peso seguida de la recaída y otras sufren un deterioro crónico a lo largo de los años. Con el tiempo, especialmente en los primeros cinco años después del inicio, una fracción significativa de individuos que padecen anorexia nerviosa tipo restrictivo empieza a recurrir a atracones, lo que indica un cambio al subtipo compulsivo/purgativo. Un cambio sostenido en el cuadro clínico (aumento de peso junto con presencia de atracones y purgas) puede permitir a veces un cambio en el diagnóstico por el de bulimia nerviosa.

La mortalidad a largo plazo de este trastorno es de un 10% (DSM-IV-TR). La muerte se produce por inanición, suicidio o desequilibrio electrolítico. Después de 20 años o más de duración del trastorno, la mortalidad es del 18% (Treasure).

Se han señalado como síntomas de mal pronóstico la larga duración del trastorno con muchos intentos de tratamiento; el peso mínimo alcanzado; la edad de inicio en asociación con un pobre ajuste premórbido; la personalidad premórbida, las dificultades sociales y las relaciones familiares deterioradas. (Treasure).

La prevalencia de la anorexia nerviosa durante la vida es, en las mujeres, aproximadamente de un 0.5% (DSM-IV-TR). Predominan los sujetos que se encuentran por debajo del umbral para el trastorno (es decir; con un trastorno de conducta alimentaria no especificado). La prevalencia entre los hombres es aproximadamente una décima parte de la de las mujeres. Es, además, un trastorno muy extendido entre ciertas profesiones, por ejemplo, gimnastas y modelos.

Este trastorno parece ser mucho más prevalente en las sociedades industriales en las que abunda la comida y en las que estar delgado se relaciona estrechamente con el atractivo (especialmente en mujeres). Es más frecuente en Estados Unidos, Canadá, Europa, Australia, Japón, Nueva Zelanda y Sudáfrica; de la prevalencia del trastorno en otras culturas se posee muy poca información. La anorexia nerviosa raras veces e inicia antes de la pubertad; sin embargo, algunos datos sugieren que la gravedad de los trastornos mentales asociados puede ser mayor en los casos prepuberales (DSM-IV-TR). En cambio, otros datos indican que cuando la enfermedad se inicia en la primera adolescencia (entre 13 y 18 años) el pronóstico es mucho más favorable. Más del 90% de casos se observa en mujeres.

Se inicia típicamente entre los 14 y los 18 años. Es muy rara la aparición de este trastorno en mujeres mayores de 40 años. El comienzo de la enfermedad se asocia muy a menudo a un acontecimiento estresante.

Según Toro y Villardel los criterios que indicarían la conveniencia de ingreso hospitalario son de tres tipos:
1. Médico-biológicos: pérdida de peso igual o superior al 25% del peso esperado según la edad y talla, o presencia de irregularidades electrolíticas, alteraciones en los “signos vitales” o infecciones intercurrentes.
2. Familiares: relación familiar conflictiva en extremo.
3. Psicológicos individuales: presencia de psicopatología importante.

Cuando la pérdida de peso es considerable, pueden aparecer síntomas como estado de ánimo deprimido, irritabilidad, retraimiento social, insomnio y pérdida del interés por el sexo. Pueden aparecer cuadros con todos los criterios del trastorno depresivo mayor o características del trastorno obsesivo compulsivo (el funcionamiento obsesivo e intrusivo acerca de la comida es precisamente fomentado por el estado de inanición). La comorbilidad
con trastornos de personalidad es también importante, principalmente con el trastorno límite (37%), evitación (33%), y dependencia (10%).

En un estudio llevado a cabo por María Yolanda Vellisca González y cols. se llegó a conclusiones que avalan la distinción entre anorexia nerviosa de inicio temprano vs. Tardío. Por un lado, un porcentaje (21.4%) de pacientes manifestaba un inicio temprano del problema, antes de los 14 años, que en el caso concreto de la AN, supone que prácticamente en todos los casos se encuentra una afectación importante en la percepción de la imagen corporal. Este aspecto resulta menos relevante en el caso de los trastornos de inicio tardío y en mucha menor medida en los casos de AN atípica. Las implicaciones teóricas de estos datos son relevantes en varios aspectos. Así, se podría empezar a plantear la posibilidad de establecer subtipos de AN en función de la edad de inicio. En este sentido, el componente cognitivo-afectivo relacionado con la percepción corporal podría ser central en estos casos.
Investigaciones realizadas con población preadolescente y adolescente, han documentado la presencia de conductas alimentarias de riesgo y problemas en la percepción de la imagen corporal, particularmente en el género femenino, ya que a las mujeres se les invita y se les recuerda constantemente “el poder que posee la apariencia física y el valor de la delgadez” (Killen y Taylor, 1996) y que el comer poco es más femenino (Cachelin, Rebeck, Chung y Pelayo, 2002; Leonhard y Barry, 1998).
Así, teniendo en cuenta que la imagen corporal se va gestando durante la niñez y que es a partir de la adolescencia cuando tiene un gran peso en el desarrollo psicosocial de la persona, intervenir sobre este ámbito podría tener importantes efectos preventivos, tanto para la no aparición del trastorno como para el abordaje inicial del mismo.

LA ANOREXIA I: Definición, Criterios diagnósticos y síntomas

El término anorexia significa literalmente “falta de apetito”, y se utiliza habitualmente para designar un síntoma que aparece en muchos trastornos o enfermedades. Sin embargo, cuando hablamos de anorexia nerviosa nos encontramos en un caso en el que la persona mantiene un deseo irrefrenable de seguir adelgazando, incluso haya perdido gran porcentaje de peso. La paciente no come, pero no deja de pensar en los alimentos idóneos que debe ingerir para no estar gorda. La psicopatología esencial de este trastorno (y de otros TCA)

radica en la idea sobrevalorada de adelgazar, y es éste el criterio por el que las clasificaciones actuales muestran mayor interés. (Saldaña-García)

  • Criterios Diagnósticos DSM-IV-TR:
  1. Rechazo a mantener el peso corporal igual o por encima del valor mínimo normal considerando la edad y la talla. (Peso inferior al 85% esperable o fracaso en conseguir un aumento de peso normal durante el periodo de crecimiento, dando como resultado peso inferior al 85% esperable).
  2. Miedo intenso a ganar peso o a convertirse en obeso, incluso estando por debajo del peso normal.
  3. Alteración de la percepción del peso o la silueta corporales, exageración de su importancia en la autoevaluación o negación del peligro que comporta el bajo peso corporal.
  4. En las mujeres pospuberales, presencia de amenorrea: por ejemplo, ausencia de al menos tres ciclos menstruales consecutivos.
  5. Especificar tipo: restrictivo o compulsivo/purgativo.

Tipo restrictivo: las estrategias usadas para la pérdida de peso son la dieta, el ayuno o el ejercicio físico intenso. Los individuos no recurren a atracones ni purgas. A este tipo de pacientes se les ha atribuido un mayor perfeccionismo, rigidez, hiperresponsabilidad y sentimientos de ineficacia.

Tipo compulsivo o purgativo: para el control del peso, el individuo recurre regularmente a atracones, purgas o ambos (en estos casos a veces lo que el paciente considera “atracones” se limita realmente a cantidades pequeñas de comida). En estos casos es más habitual la historia familiar de obesidad, sobrepeso previo al trastorno, mayor impulsividad, reacciones distímicas frecuentes, mayor labilidad emocional y mayor frecuencia de conductas adictivas.

  • Criterios diagnósticos CIE-10:
  1. Pérdida de peso, o en niños, ausencia de ganancia, que conduce a un peso corporal de al menos un 15% por debajo del peso normal o esperado por la edad y altura.
  2. La pérdida de peso es autoinducida por evitación de alimentos que engordan.
  3. Distorsión de la imagen corporal, de estar demasiado gordo, con pavor intrusivo a la gordura, que conduce al paciente a imponerse a sí mismo un límite de peso bajo.
  4. Trastorno endocrino generalizado que afecta al eje hipotalámo-hipófiso-gonadal, que se manifiesta en mujeres por amenorrea y hombres por pérdida de interés por la sexualidad e impotencia.
  5. El trastorno no cumple los criterios A y B de bulimia nerviosa.

Generalmente la pérdida de peso se alcanza a través de la reducción de la ingesta total; se comienza a perder peso eliminando los alimentos con alto contenido calórico, y la mayoría acaba con una dieta limitada a unos pocos alimentos. Otras vías utilizadas para la pérdida de peso son la utilización de purgas o el ejercicio físico excesivo. Si el trastorno se inicia en la niñez o en las primeras etapas de la adolescencia, el criterio de pérdida de peso se sustituye por el de ausencia de ganancia de peso esperada para la edad y talla. El miedo a ganar peso o convertirse en obeso es desmesurado, y lejos de reducirse a medida que se pierde peso, cada vez es más intenso. Esta preocupación limita gravemente el resto de las áreas de su vida.(Toro).

 

Según Gardner, la alteración de la imagen corporal puede referirse al peso o a la forma de una parte concreta del cuerpo. El nivel de autoestima es intensamente dependiente de la forma y peso corporales. La pérdida de peso no significa solo eso, sino que supone un signo de autodisciplina y autocontrol. Las anoréxicas no solo distorsionan su imagen, sino que tienden a infraestimar una figura normal, lo que les lleva a considerar como figura ideal una evidentemente mucho menor que la suya.

La amenorrea suele ser consecuencia de un hipogonadismo hipogodanotrófico originado por una disfunción hipotalámica provocada por la reducción de la ingesta y la pérdida de peso, y que da lugar a unos ritmos circadianos inmaduros en la secreción de las hormonas durante el episodio anoréxico.

Bruch definió las tres características esenciales de la anorexia nerviosa como: la distorsión en la percepción de la imagen corporal, sin que la persona reconozca el progreso de su delgadez; la percepción distorsionada de los estímulos propioceptivos; y un sentimiento general de ineficacia personal.

El grupo de Toronto (Garner, Garfinkel y otros) identifica con ayuda del EDI (Eating Disorder Inventory) las diferencias principales entre un grupo de pacientes con anorexia nerviosa y otro de mujeres preocupadas por su peso por razones profesionales (igualados los dos grupos en lo referente al impulso hacia la delgadez). El grupo de mujeres preocupadas por su peso por razones profesionales no presentaba falta de conciencia interoceptiva, ni sentimientos de ineficacia personal.

Según Garner, es habitual que la alteración se inicie tras recibir una crítica directa o indirecta sobre la imagen corporal. A partir de aquí la paciente empieza a restringir la ingesta, en calidad y cantidad. Una vez inmersa en el mundo de las dietas y con un peso “meta” claro, se plantea un margen de seguridad y adelgaza un poco más de lo previsto para evitar cualquier ganancia de peso que no estuviera en sus planes. Lograda esta pérdida de peso, siguen aún restringiendo más su ingesta diaria, aparecen rituales alimentarios peculiares y estrategias diversas para eliminar o al menos distorsionar la sensación de hambre, como beber mucha agua o usar anfetaminas, laxantes, o inducirse el vómito tras las comidas.

Entre los síntomas físicos que aparecen con más frecuencia, la mayoría atribuibles a la inanición, aparecen: amenorrea, estreñimiento, dolor abdominal, intolerancia al frio (consecuente a la hipotermia), hipotensión, bradicardia, lanugo, edema y diversos problemas metabólicos. Si la anorexia se produce antes de la menarquía, el deterioro en el desarrollo puberal puede ser irreversible. La demacración puede traer también otros trastornos irreversibles como osteoporosis, fracturas o cifosis.